El mapa de Jesús #LosVisiblesInvisibles

Jesús hace casi dos años que salió del reclusorio, después de haber estado diez años encerrado. Cuenta que a los 17 años ingresó por primera vez, ahí empezó a tatuarse porque era el más joven de los internos y los tatuajes son parte del código.

La conversación siguió el mapa de sus tatuajes, tiene los nombres de su padre que también se llama Jesús; Giovana, su ex chava que lo dejó en su segunda vuelta al reclu, el nombre de su hijo, Dilan, y una virgen María porque así se llamaba su mamá. También tiene a San Judas, La Santa muerte y unas notas musicales porque dice Jesús que lleva la música por dentro. Se arrepiente de los tatuajes en los párpados y de las tres pequeñas calaveras a lado de su ojo izquierdo: “Cuando estás en la cárcel todo se hace muy fácil por tener drogas, te prometen dinero si matas y pues lo haces por el vicio y de ahí las tres calaveras, ahí aprendes a dormir con un ojo cerrado y otro abierto”.

No le gusta drogarse en el día, le da pena que lo vean, prefiere estar activo vendiendo dulces, pero dice que cuando llega la noche todo cambia y acaba inhalando más por soledad y frío. Es fiel creyente de la Santa Muerte y de San Judas Tadeo, tiene un pequeño altar frente a la iglesia de San Hipólito. Su capacidad de liderazgo y sociabilidad es notable, es uno de los chavos que tienen la estructura de casa y familia más consolidada. Hubo un tiempo en que tenía un colchón, un sillón y se las ingenio para hacer un tipo closet, toda ésta habitación estaba al aire libre a lado de una de las salidas del metro Hidalgo. Conoce a todos y todos lo conocen a él en el cuadrante del metro Hidalgo y Guerrero.

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